Colección de discursos agrupados temáticamente

Adittapariyaya Sutta

35.235. Exposición sobre el ardor

{235} “Monjes, voy a enseñaros la exposición del Dhamma sobre el tema del ardor. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”.—"Sí, venerable señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Y, ¿cuál es, monjes, la exposición del Dhamma sobre el tema del ardor? Sería mejor, monjes, para la facultad del ojo estar lacerada por un pasador de hierro rojo de calor, ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características de la forma cognoscible a través del ojo. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad del oído estar lacerada por una filosa estaca de hierro ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del sonido cognoscible a través del oído. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad de la nariz estar lacerada por un filoso cortador de uñas ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del aroma cognoscible a través de la nariz. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad de la lengua estar lacerada por una filosa navaja ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del sabor cognoscible a través de la lengua. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad del cuerpo estar lacerada por una filosa asta ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del objeto táctil cognoscible a través del cuerpo. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, dormir -aún siendo que dormir, monjes, es estéril para la vida, es inútil para la vida y es insensible para la vida- que pensar cosas que podrían inducir a uno, que sucumbió bajo su control, a lograr el cisma dentro del Sangha. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“En consideración a esto, monjes, el instruido noble discípulo reflexiona así: ‘Habiendo dejado la facultad del ojo lacerada por un pasador de hierro rojo de calor, ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el ojo es imprermanente, las formas son impermanentes, la conciencia del ojo es impermanenete, el contacto del ojo es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del ojo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad del oído lacerada por una filosa estaca de hierro ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el oído es imprermanente, los sonidos son impermanentes, la conciencia del oído es impermanenete, el contacto del oído es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del oído como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad de la nariz lacerada por un filoso cortador de uñas ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: la nariz es imprermanente, los olores son impermanentes, la conciencia de la nariz es impermanente, el contacto de la nariz es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la nariz como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad de la lengua lacerada por una por una filosa navaja ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: la lengua es imprermanente, los sabores son impermanentes, la conciencia de la lengua es impermanente, el contacto de la lengua es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la lengua como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad del cuerpo lacerada por una filosa asta ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el cuerpo es imprermanente, los objetos táctiles son impermanentes, la conciencia del cuerpo es impermanente, el contacto del cuerpo es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del cuerpo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado de dormir, voy a atender solamente esto: la mente es imprermanente, los fenómneos son impermanentes, la conciencia de mente es impermanente, el contacto de la mente es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la mente como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“Viendo esto, monjes, el instruido noble discípulo sabio experimenta repugnancia por el ojo, por la forma, por la conciencia del ojo, por el contacto del ojo, por cualquier sensación surgida por el contacto del ojo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa. Experimenta repugnancia por el oído… Experimenta repugnancia por la nariz… Experimenta repugnancia por la lengua… Experimenta repugnancia por el cuerpo… Experimenta repugnancia por la mente, por los fenómenos, por la conciencia de la mente, por el contacto de la mente, por cualquier sensación surgida por el contacto de la mente como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa.

“Y habiendo experimentado repugnancia, llega a ser desapasionado. Mediante el desapasionamiento, se libera y, una vez liberado, llega a este conocimiento: ‘esta es la liberación’. Y entiende así: ‘destruido está el nacimiento, la vida santa ha sido vivida, lo que estaba por hacer se hizo, he aquí no hay más futuras existencias’”.