Colección de discursos agrupados numéricamente

4.55. En las mismas vidas (1)

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando entre los bhaggas, en Sumsumaragira, en el parque de los venados de la Arboleda Bhesakala. Entonces, por la mañana temprano, el Bienaventurado se vistió, tomó su cuenco y hábito exterior, y fue a la residencia del hombre hogareño Nakulapita, donde se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Acto seguido, el hombre hogareño Nakulapita y la mujer hogareña Nakulamata se acercaron al Bienaventurado, le rindieron homenaje y se sentaron a un lado. Y el hombre hogareño Nakulapita dijo al Bienaventurado:

“Venerable Señor, desde mi juventud, cuando la joven muchacha Nakulamata me fue dada en matrimonio, no recuerdo haber cometido transgresión alguna en su contra ni siquiera en el pensamiento, mucho menos en acción. Nosotros deseamos, Venerable Señor, vernos uno al otro no sólo en esta presente vida sino también en las vidas futuras”.

A su vez, la mujer hogareña Nakulamata dijo al Bienaventurado:

“Venerable Señor, desde que joven muchacha fui dada en matrimonio al hombre hogareño Nakulapita, no recuerdo haber cometido transgresión alguna en su contra ni siquiera en el pensamiento, mucho menos en acción. Nosotros deseamos, Venerable Señor, vernos uno al otro no sólo en esta presente vida sino también en las vidas futuras.”

“Hombres hogareños, si ambos, esposo y esposa, desean verse uno al otro no solamente en esta presente vida sino también en las vidas futuras, deben tener la misma fe, la misma conducta virtuosa, la misma generosidad y la misma sabiduría. Entonces, van a verse uno al otro no solamente en esta presente vida sino también en las vidas futuras”.

Ambos, marido y su mujer, están dotados de la fe,
son caritativos y auto-controlados,
viven sus vidas rectamente,
dirigiéndose uno al otro con palabras placenteras.
Entonces, gozan de muchos beneficios
y viven cómodamente.
Sus enemigos se entristecen
cuando los dos tienen la misma virtud.
Habiendo practicado el Dhamma aquí,
iguales en cuanto a la conducta virtuosa y las observancias,
deleitándose en el mundo de los devas,
se regocijan en los placeres sensuales.