Colección de discursos agrupados numéricamente
4.57. Suppavasa
En una ocasión el Bienaventurado estaba morando entre los koliyans, en una de sus ciudades de nombre Sajjanela. Entonces, por la mañana temprano, el Bienaventurado se vistió, tomó su cuenco y hábito exterior, y fue a la residencia de la hija de los koliyans de nombre Suppavasa, donde se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Entonces, la hija de los koliyans Suppavasa sirvió la comida al Bienaventurado con sus propias manos y lo satisfizo con varias clases de comidas deliciosas. Cuando el Bienaventurado terminó de comer y alejó su cuenco, la hija de los koliyans Suppavasa se sentó a un lado. Y el Bienaventurado le dijo:
“Suppavasa, una noble discípula que ofrece comida, da a los destinatarios cuatro cosas. Y, ¿cuáles son esas cuatro? Da la vida, la belleza, la felicidad y la fuerza. Habiendo dado la vida, participa de la vida, sea celestial o humana. Habiendo dado belleza, participa de la belleza, sea celestial o humana. Habiendo dado felicidad, participa de la felicidad, sea celestial o humana. Habiendo dado la fuerza, participa de la fuerza, sea celestial o humana. Suppavasa, una noble discípula que ofrece comida, da a los destinatarios estas cuatro cosas”.
Cuando uno ofrece la comida bien preparada,
Pura, deliciosa y sabrosa,
A los rectos que son
Exaltados y de excelente conducta,
Aquella ofrenda, que vincula el mérito con mérito,
Es alabada por los conocedores del mundo
Como verdaderamente fructífera.
Aquellos que recuerdan semejante generosidad
Moran en el mundo inspirados por el gozo.
Habiendo eliminado las manchas de la mezquindad con sus raíces,
Sin mancha, se dirigen a las moradas celestiales.