Colección de discursos agrupados temáticamente

Verahaccani Sutta

35.133. Discurso con Verahaccani

{133} En una ocasión el Venerable Udayi estaba morando en la arboleda de los mangos del brahmán Todeyya cerca de Kamanda. Entonces un joven brahmán, el estudiante de la señora de clan de los brahmanes de Verahaccani se acercó al Venerable Udayi y lo saludó. Cuando concluyeron sus cordiales y amables palabras de bienvenida se sentó a un lado y el Venerable Udayi lo instruyó, lo exhortó, lo inspiró y lo regocijó con una plática del Dhamma. Habiendo sido instruido, exhortado, inspirado y regocijado con una plática del Dhamma, el joven brahmán se levantó de su asiento y se acercó a la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani y le dijo: “Mire, señora, usted debería saber que el asceta Udayi enseña el Dhamma que es agradable desde el inicio, agradable en el medio y agradable al final, a través de las frases correctas, cuyos significados también lo son. Él revela la vida santa que es completamente pura y perfecta.”

“En ese caso, joven, invítale mañana al asceta Udayi en mi nombre a comer”.

“Sí, señora”, respondió el joven y fue junto al Venerable Udayi y le dijo: “que el maestro Udayi consienta y acepte la invitación mañana para comer de parte de nuestra reverenda maestra, la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani.”

Y el Venerable Udayi consintió en silencio. Entonces, cuando pasó la noche, por la mañana temprano el Venerable Udayi se vistió, tomó su hábito exterior y el cuenco y fue a la residencia de la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani. Estando allí, se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Y la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani con sus propias manos sirvió al Venerable Udayi varias clases de deliciosa comida. Y cuando el Venerable Udayi terminó de comer y apartó su cuenco, la señora del clan de los brahmanes se puso sus sandalias y se sentó en un asiento alto, se cubrió su cabeza y le dijo: “enséñame el Dhamma, asceta”. Habiendo dicho: “ya habrá ocasión para eso, hermana”, se levantó de su asiento y salió de allí.

Y por segunda vez el joven brahmán, el estudiante de la señora de clan de los brahmanes de Verahaccani se acercó al Venerable Udayi y lo saludó. Cuando concluyeron sus cordiales y amables palabras de bienvenida se sentó a un lado y el Venerable Udayi lo instruyó, lo exhortó, lo inspiró y lo regocijó con una plática del Dhamma. Habiendo sido instruido, exhortado, inspirado y regocijado con una plática del Dhamma, el joven brahmán se levantó de su asiento y se acercó a la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani y le dijo: “Mire, señora, usted debería saber que el asceta Udayi enseña el Dhamma que es agradable desde el inicio, agradable en el medio y agradable al final, a través de las frases correctas, cuyos significados también lo son. Él revela la vida santa que es completamente pura y perfecta.”

“De esta manera, joven, tú sigues alabando al asceta Udayi pero cuando yo le digo: ‘enséñame el Dhamma, asceta, él dice: ‘ya habrá ocasión para eso, hermana’, se levanta de su asiento y se va”.

“Aquello pasó, señora, porque usted se puso sus sandalias y se sentó en un asiento alto, se cubrió su cabeza y le dijo: ‘enséñame el Dhamma, asceta’. Ello merecen el respeto y veneración en el Dhamma.”

“En ese caso, joven, invítale mañana al asceta Udayi en mi nombre a comer”.

“Sí, señora”, respondió el joven y fue junto al Venerable Udayi y le dijo: “que el maestro Udayi consienta y acepte la invitación mañana para comer de parte de nuestra reverenda maestra, la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani.”

Y el Venerable Udayi consintió en silencio. Entonces, cuando pasó la noche, por la mañana temprano el Venerable Udayi se vistió, tomó su hábito exterior y el cuenco y fue a la residencia de la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani. Estando allí, se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Y la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani con sus propias manos sirvió al Venerable Udayi varias clases de deliciosa comida. Y cuando el Venerable Udayi terminó de comer y apartó su cuenco, la señora del clan de los brahmanes sacó sus sandalias y se sentó en un asiento bajo, descubrió su cabeza y le dijo: “venerable señor, ¿qué sostienen los arahants respecto a lo que es aquello que tiene que existir para que haya placer y pena? Y, ¿qué sostienen los arahants respecto a lo que es aquello que tiene que cesar para que no haya placer ni pena?”

“Hermana, los arahants sostienen que cuando existe el ojo, hay placer y pena, y cuando el ojo no existe, no hay placer ni pena. Además, los arahants sostienen que cuando existe el oído… la nariz… la lengua… el cuerpo… la mente, hay placer y pena, y cuando la mente no existe, no hay placer ni pena.”

Cuando se dijo esto, la señora del clan de los brahmanes de Verahaccani dijo al Venerable Udayi: “¡Magnífico maestro Udayi! ¡Magnífico maestro Udayi! El Dhamma ha sido esclarecido de muchas formas por el maestro Udayi; es como si se enderezara lo que estaba torcido, como si se revelara lo que estaba oculto, como si se mostrara el camino al que estaba perdido, como si se sostuviera una lámpara en la oscuridad para que los de buena vista pudieran ver. Maestro Udayi, voy por refugio al Bienaventurado, al Dhamma y al Sangha de los monjes. De hoy en adelante, que el maestro Udayi me recuerde como el discípulo laico que ha ido por refugio de por vida.”