Colección de discursos agrupados temáticamente
Khirarukkhopama Sutta
35.231. Árbol de la leche de savia
{231} “Monjes, en consideración a las formas cognoscibles por medio del ojo, si en cualquier monje o monja persiste todavía la codicia y la misma no haya sido abandonada, si persiste todavía el odio y el mismo no haya sido abandonado, si persiste todavía la falsa ilusión y la misma no haya sido abandonada, entonces hasta la más insignificante forma que entra dentro del rango del ojo obsesiona su mente, sin hablar de las prominentes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia todavía existe y no ha sido abandonada, el odio todavía existe y no ha sido abandonado, la falsa ilusión todavía existe y no ha sido abandonada.
“Monjes, en consideración a los sonidos cognoscibles por medio del oído… en consideración a los olores cognoscibles por medio de la nariz… en consideración a los sabores cognoscibles por medio de la lengua… en consideración a los objetos táctiles cognoscibles por medio del cuerpo… en consideración a los fenómenos mentales cognoscibles por medio de la mente, si en cualquier monje o monja persiste todavía la codicia y la misma no haya sido abandonada, si persiste todavía el odio y el mismo no haya sido abandonado, si persiste todavía la falsa ilusión y la misma no haya sido abandonada, entonces hasta el más insignificante fenómeno mental que entra dentro del rango de la mente obsesiona su mente, sin hablar de los prominentes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia todavía existe y no ha sido abandonada, el odio todavía existe y no ha sido abandonado, la falsa ilusión todavía existe y no ha sido abandonada.
“Imaginad, monjes, que había un árbol de la leche de savia, un assattha, un banano, un pilakkha o un undumbara, fresco, joven y tierno. Si un hombre lo cortara aquí y allí con una afilada hacha, ¿podría la savia salir afuera?”
“Sí, venerable señor. Y, ¿por qué razón? Porque hay savia allí”.
“De la misma manera, monjes, en consideración a las formas cognoscibles por medio del ojo, si en cualquier monje o monja persiste todavía la codicia… y no haya sido abandonada… en consideración a los sonidos… a los fenómenos mentales cognoscibles por medio de la mente, si en cualquier monje o monja persiste todavía la codicia y la misma no haya sido abandonada, si persiste todavía el odio y el mismo no haya sido abandonado, si persiste todavía la falsa ilusión y la misma no haya sido abandonada, entonces hasta el más insignificante fenómeno mental que entra dentro del rango de la mente obsesiona su mente, sin hablar de los prominentes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia todavía existe y no ha sido abandonada, el odio todavía existe y no ha sido abandonado, la falsa ilusión todavía existe y no ha sido abandonada.
“Monjes, en consideración a las formas cognoscibles por medio del ojo, si en cualquier monje o monja ya no persiste más la codicia y la misma haya sido abandonada, ya no persiste más el odio y el mismo haya sido abandonado, ya no persiste más la falsa ilusión y la misma haya sido abandonada, entonces hasta la más prominente forma que entra dentro del rango del ojo no obsesiona su mente, sin hablar de las insignificantes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia ya no existe más y ha sido abandonada, el odio ya no existe más y ha sido abandonado, la falsa ilusión ya no existe más y ha sido abandonada.
“Monjes, en consideración a los sonidos cognoscibles por medio del oído… en consideración a los olores cognoscibles por medio de la nariz… en consideración a los sabores cognoscibles por medio de la lengua… en consideración a los objetos táctiles cognoscibles por medio del cuerpo… en consideración a los fenómenos mentales cognoscibles por medio de la mente, si en cualquier monje o monja ya no persiste más la codicia y la misma haya sido abandonada, si ya no persiste más el odio y el mismo haya sido abandonado, si ya no persiste más la falsa ilusión y la misma haya sido abandonada, entonces hasta el más prominente fenómeno mental que entra dentro del rango de la mente no obsesiona su mente, sin hablar de los que son insignificantes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia ya no existe más y ha sido abandonada, el odio ya no existe más y ha sido abandonado, la falsa ilusión ya no existe más y ha sido abandonada.
“Imaginad, monjes, que había un árbol de la leche de savia, un assattha, un banano, un pilakkha o un undumbara, desecado, viejo, que ya ha pasado su mejor momento. Si un hombre lo cortara aquí y allí con una afilada hacha, ¿podría la savia salir afuera?”
“No, venerable señor. Y, ¿por qué razón? Porque no hay savia allí”.
“De la misma manera, monjes, en consideración a las formas cognoscibles por medio del ojo, si en cualquier monje o monja ya no persiste más la codicia… y haya sido abandonada… en consideración a los sonidos… a los fenómenos mentales cognoscibles por medio de la mente, si en cualquier monje o monja ya no persiste más la codicia y la misma haya sido abandonada, si ya no persiste más el odio y el mismo haya sido abandonado, si ya no persiste más la falsa ilusión y la misma haya sido abandonada, entonces hasta el más prominente fenómeno mental que entra dentro del rango de la mente no obsesiona su mente, sin hablar de los que son insignificantes. Y, ¿por qué así? Porque la codicia ya no existe más y ha sido abandonada, el odio no existe más y ha sido abandonado, la falsa ilusión no existe más y ha sido abandonada.”