Colección de discursos agrupados numéricamente
5.55. Madre e hijo
En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la Arboleda de Jeta, en el Parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Entonces una madre y un hijo, siendo respectivamente monja y monje, entraron a Savatthi para la residencia de las Lluvias. Ellos querían verse a menudo: la madre quiso ver a menudo a su hijo y el hijo a su madre. Y, por el hecho de querer verse uno al otro, se ha formado un nexo; y por el hecho de haberse formado el nexo, surgió la intimidad entre ellos; y por el hecho de la intimidad, la lascivia encontró una puerta abierta. Con sus mentes apresadas por la lujuria, sin haber abandonado el entrenamiento ni declarado su debilidad, se involucraron en la relación sexual. Entonces, un número de monjes se acercó al Bienaventurado. Estando allí, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le reportaron lo ocurrido.
[El Bienaventurado dijo:] “Monjes, ¿podría aquel tonto pensar: ‘La madre no caerá en amor con su hijo ni el hijo con su madre? Monjes, yo no veo otra cosa particular alguna que fuera tan tentadora y sensual, embriagadora, cautivadora y enceguecedora, que obstaculiza tanto el logro de la insuperable seguridad de la esclavitud, que la forma de la mujer. Los seres que sienten lujuria por la forma de la mujer voraz, se apegan a ella, se enamoran ciegamente y ciegamente se absorben en ella; [en consecuencia] sufren por mucho tiempo bajo el dominio de la forma de la mujer. No veo otra cosa particular alguna que fuera tan tentadora y sensual, embriagadora, cautivadora y enceguecedora, que obstaculiza tanto el logro de la insuperable seguridad de la esclavitud, que el sonido de la mujer… el olor de la mujer… el sabor de la mujer… el toque de la mujer. Los seres que sienten lujuria por la forma de la mujer voraz, se apegan a ella, se enamoran ciegamente y ciegamente se absorben en ella; [en consecuencia] sufren por mucho tiempo bajo el dominio del toque de la mujer.
“Monjes, mientras camina, la mujer obsesiona la mente del hombre. Mientras está de pie… Mientras permanece recostado… Mientras está sentado… Mientras se ríe… Mientras habla… Mientras canta… Mientras llora, la mujer obsesiona la mente del hombre. Cuando está obesa, la mujer también obsesiona la mente del hombre, incluso cuando muere, la mujer obsesiona la mente del hombre. Monjes, si alguien quisiera decir ton toda justeza ‘completo lazo del Mara’, precisamente debería decirlo de las mujeres”.
Uno podría hablar con un enemigo mortal,
Uno podría hablar con un espíritu maligno,
Uno podría acercarse a una víbora,
Cuya mordida significa una muerte segura;
Pero nunca uno debería hablar
Con una mujer a solas.
Ellas se unen con aquel, cuya mente está nublada.
Con una mirada y una sonrisa
Con su vestido en desorden,
Y con el hablar ligero.
No es seguro acercarse a alguien semejante,
Aunque sea obesa o muerta.
Los cinco objetos del placer sensual
Se ven en el cuerpo de la mujer:
Formas, sonidos, sabores y olores,
Y también los toques deleitosos.
Haberse arrastrado por esa inundación de la sensualidad,
Al no comprender plenamente los placeres sensuales,
Uno se sumerge de cabeza en el samsara, el tiempo,
El destino y en la existencia tras existencia.
Pero aquellos que comprendieron plenamente los placeres sensuales,
Viven sin miedo en ninguna parte.
Habiendo alcanzado la destrucción de las impurezas,
Aunque en el mundo, han ido más allá.