Colección de discursos agrupados temáticamente

Parosahassa Sutta

8.8. Discurso con más de mil [monjes]

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la Arboleda Jeta del parque de Anathapindika cerca de Savatthi junto con un gran Sangha de los monjes, con mil doscientos cincuenta monjes. Entonces, Entonces, el Bienaventurado estaba instruyendo, exhortando, inspirando y regocijando a los monjes con la plática del Dhamma concerniente al Nibbana. Y aquellos monjes estaban escuchando el Dhamma con oído presto, atendiéndolo como un asunto de vital importancia y direccionado su mente entera a ello.

Entonces, esto se le ocurrió al Venerable Vangisa: “este Bienaventurado está instruyendo, exhortando, inspirando y regocijando a los monjes con la plática del Dhamma concerniente al Nibbana. Y aquellos monjes están escuchando el Dhamma con oído presto, atendiéndolo como un asunto de vital importancia y direccionado su mente entera a ello. ¿Qué tal si ensalzo al Bienaventurado en su presencia con versos apropiados?”

Entonces, el Venerable Vangisa se levantó de su asiento, arregló su hábito exterior en uno de sus hombros y, levantando sus manos juntadas hacia el Bienaventurado en un reverencial saludo, le dijo: “una inspiración me ha llegado, Bienaventurado Señor. Una inspiración me ha llegado, oh Sublime.”

Entonces, el Bienaventurado le dijo: “expresa, entonces, tu inspiración, Vangisa”.

Acto seguido, el Venerable Vangisa ensalzó al Bienaventurado con apropiados versos:

Atienden al Sublime,
Mientras enseña el Dhamma libre de polvo,
El Nibbana inaccesible para el temor.
Ellos escuchan el Dhamma inmaculado
Enseñando por el Perfectamente Iluminado,
El Iluminado brilla realmente,
Honrado por el Sangha de los monjes.
Oh Bienaventurado, tu nombre es “Naga”,
El mejor vidente entre los videntes.
Como la gran nube que produce la lluvia,
Así derramas [tu Enseñanza] sobre los discípulos.
Habiendo emergido de su morada diurna,
Deseoso de contemplar al Maestro,
Tu discípulo Vangisa, oh gran héroe,
Se inclina hacia tus pies.

“¿Has compuesto esos versos anteriormente en tu mente, Vangisa, o los mismos se te ocurrieron espontáneamente?”

“Yo no había compuesto esos versos anteriormente en mi mente, venerable señor, sino que los mismos se me ocurrieron espontáneamente.”

“En ese caso, Vangisa, has nos escuchar más versos no compuestos aún que se te ocurran [espontáneamente]”.

“Sí, venerable señor”, respondió el Venerable Vangisa. Acto seguido ensalzó al Bienaventurado con otros versos nunca antes compuestos en su mente:

Has demolido la aridez de la mente.
He aquí el libertador de la esclavitud,
Desapegado, disecado en partes.
Con el fin de cruzas la inundación,
Has revelado el sendero con sus diversos aspectos.
El visionario del Dhamma es inamovible
En aquello Inmortal declarado por ti.
El hacedor de luz, habiéndolas penetrado rectamente,
Vio la trascendencia de todas las estaciones,
Habiendo conocido y descubierto por sí mismo,
Enseña el asunto principal a los cinco.
Cuando el Dhamma ha sido bien enseñado,
¿Qué negligencia puede haber por parte de los que lo comprendieron?
Por eso, viviendo diligentemente en la Enseñanza del Bienaventurado,
Uno siempre debe entrenarse en él con reverencia.