Colección de discursos agrupados temáticamente

Upassuti Sutta

35.113. Escuchando

{113} En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en Natika en el hall del ladrillo. Entonces, mientras el Bienaventurado estaba sólo en reclusión, pronunció esta exposición del Dhamma:

“En dependencia del ojo y las formas surge la conciencia del ojo. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez; con la avidez como condición, el apego; con el apego como condición, la existencia; con la existencia como condición, el nacimiento; con el nacimiento como condición, la vejez-y-muerte, el dolor y el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es, monjes, el origen de todo ese montón de insatisfacción.

“En dependencia del oído y los sonidos surge la conciencia del oído… En dependencia de la nariz y los olores surge la conciencia de la nariz… En dependencia de la lengua y los sabores surge la conciencia de la lengua… En dependencia del cuerpo y los objetos táctiles surge la conciencia del cuerpo… En dependencia de la mente y los fenómenos surge la conciencia de la mente. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez; con la avidez como condición, el apego; con el apego como condición, la existencia; con la existencia como condición, el nacimiento; con el nacimiento como condición, la vejez y la muerte, el dolor y el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es, monjes, el origen de todo ese montón de insatisfacción.

“En dependencia del ojo y las formas surge la conciencia del ojo. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez. Pero con la total desaparición de esa misma avidez, cesa el apego; con el cese del apego, cesa la existencia; con el cese de la existencia, cesa el nacimiento, la vejez y la muerte, el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza. Tal es el cese de toda esta masa de insatisfacción.

“En dependencia del oído y los sonidos surge la conciencia del oído… En dependencia de la nariz y los olores surge la conciencia de la nariz… En dependencia de la lengua y los sabores surge la conciencia de la lengua… En dependencia del cuerpo y los objetos táctiles surge la conciencia del cuerpo… En dependencia de la mente y los fenómenos surge la conciencia de la mente. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez. Pero con la total desaparición de esa misma avidez, cesa el apego; con el cese del apego, cesa la existencia; con el cese de la existencia, cesa el nacimiento, la vejez y la muerte, el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza. Tal es el cese de todo ese montón de insatisfacción.”

En esa ocasión, un cierto monje estaba allí de pie escuchando al Bienaventurado. Y el Bienaventurado lo vio estando allí de pie y escuchándolo, y le dijo: “¿Has escuchado la exposición del Dhamma, monje?”

“Sí, venerable señor”.

“Aprende esa exposición del Dhamma, monje, perfecciónate en ella y recuérdala. Aquella exposición del Dhamma es beneficiosa y relevante para los fundamentos de la vida santa”.