Colección de discursos agrupados temáticamente
Pathanamigajala Sutta
35.63. Discurso con Migajala
En Savatthi. En esa ocasión el Venerable Migajala se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo:
“Venerable señor, se ha dicho ‘un morador solitario, un morador solitario’. ¿De qué manera, venerable señor, uno es un morador solitario y de qué manera uno es un morador acompañado?”
“He aquí, Migajala, las formas cognoscibles a través del ojo que son deseables, apetecibles, agradables, placenteras, sensualmente atractivas y tentadoras. Si el monje mira el deleite en ellas, les da la bienvenida y permanece apropiándose de ellas, surge el deleite. Cuando hay deleite, hay amor enceguecido. Cuando hay el amor ciego, hay esclavitud. Esclavizado por las cadenas del deleite, Migajala, el monje es llamado un morador acompañado.
“He aquí, Migajala, los sonidos cognoscibles a través del oído… los olores cognoscibles a través de la nariz… los sabores cognoscibles a través de la lengua… los objetos táctiles cognoscibles a través del cuerpo… los fenómenos mentales cognoscibles a través de la mente que son deseables, apetecibles, agradables, placenteros, sensualmente atractivos y tentadores. Si el monje mira el deleite en ellas, les da la bienvenida y permanece apropiándose de ellas, surge el deleite. Cuando hay deleite, hay amor enceguecido. Cuando hay el amor ciego, hay esclavitud. Esclavizado por las cadenas del deleite, Migajala, el monje es llamado un morador acompañado.
“Migajala, aún si el monje viviese recurriendo a los bosque y las arboledas, a un lugar remoto donde hubiese pocos sonidos y poco ruido, aislado, oculto de la gente, apropiado para la reclusión, él todavía seguiría siendo llamado un morador acompañado. Y, ¿cuál es la razón? Porque está acompañado por la avidez y no la había abandonado; por eso es llamado un morador acompañado.
“He aquí, Migajala, las formas cognoscibles a través del ojo que son deseables, apetecibles, agradables, placenteras, sensualmente atractivas y tentadoras. Pero si el monje no mira el deleite en ellas, no les da la bienvenida ni permanece apropiándose de ellas, no surge el deleite. Cuando no hay deleite, no hay amor enceguecido. Cuando no hay el amor ciego, no hay esclavitud. Liberado de las cadenas del deleite, Migajala, el monje es llamado un morador solitario.
“He aquí, Migajala, los sonidos cognoscibles a través del oído… los olores cognoscibles a través de la nariz… los sabores cognoscibles a través de la lengua… los objetos táctiles cognoscibles a través del cuerpo… los fenómenos mentales cognoscibles a través de la mente que son deseables, apetecibles, agradables, placenteros, sensualmente atractivos y tentadores. Pero si el monje no mira el deleite en ellas, no les da la bienvenida ni permanece apropiándose de ellas, no surge el deleite. Cuando no hay deleite, no hay amor enceguecido. Cuando no hay el amor ciego, no hay esclavitud. Liberado de las cadenas del deleite, Migajala, el monje es llamado un morador solitario.
“Migajala, aún si el monje viviese en la vecindad de un pueblo, asociado con los monjes y las monjas, con seguidores y seguidoras laicos, con reyes o ministros reales, con los maestros de los otros credos y sus discípulos, él todavía seguiría siendo llamado un morador solitario. Y, ¿cuál es la razón? Porque no está más acompañado por la avidez y la había abandonado; por eso es llamado un morador solitario”.